Seguimos hoy con esta serie de testimonios y relatos de nuestras residentes, en la que nos cuentan de primera mano cómo decidieron ayudar en la crisis del Covid y cómo han vivido esta experiencia. Hoy es el turno de Pilar Gimeno Combarro, residente del Colegio Mayor Goroabe y estudiante de 1º de Enfermería en la Universidad de Navarra.
AC: Pilar, ¿cómo decidiste colaborar con la ONG SAR Navarra?
Pilar: Cuando comenzó toda esta crisis del coronavirus, a principios de la cuarentena, el delegado de la Facultad de Enfermería nos envió un mensaje para ayudar a la ONG SAR Navarra (Salvamento, Ayuda y Rescate) junto con la Policía Municipal de Pamplona. El mensaje era muy claro: si tienes horas disponibles y estás dispuesto a aprovecharlas para ayudar en esta situación escribe a este número de teléfono. Y yo escribí al número y enseguida me llamaron. Y es que había una necesidad real de voluntarios.
AC: Y, ¿en qué ha consistido exactamente tu voluntariado?
Pilar: Nos convocaron el 30 de marzo en la sede de la policía y ahí nos explicaron todo en detalle. Hemos colaborado en tres funciones diferentes: hemos hecho pantallas para sanitarios y otros trabajadores; hemos desinfectado ambulancias y vehículos que han estado en contacto con casos positivos; y también hemos estado desinfectando los mercados municipales de Pamplona como el mercado de Santo Domingo, el mercado de Emitagaña y el del Ensanche. Y otra actividad que hemos hecho desde la organización es el reparto de libros para los niños, para que así puedan distraerse un poco.
AC: ¿Cómo se desinfectan los mercados?
Pilar: La desinfección de mercados consiste en fumigar con lejía rebajada todas las superficies de contacto de los mercados, para eliminar cualquier foco de contagio que pueda haber y posteriormente, secábamos todas las superficies fumigadas.
AC: ¿Qué conclusiones has sacado de tu experiencia?
Pilar: Al hacer este voluntariado me he dado cuenta de lo mucho que se puede hacer y el bien que hace estar ahí ayudando. El hecho de estar ahí para echar una mano en todo lo que se necesite la gente lo agradece. Y tengo que reconocer que yo también he aprendido mucho de la gente que está allí trabajando, del resto de voluntarios. He conocido muchos haciendo turnos de trabajo de hasta 17 horas sin descanso y los ves ahí, con una sonrisa para todo, con muy buen humor. Y es que creo que, aunque la situación haya sido difícil, muy complicada en muchas ocasiones, cuando te das al máximo, a mí lo que me sale es sonreír.







